La temporada de pesca del salmón en Asturias, que comenzó el 18 de abril, se encuentra en una crisis sin precedentes. A pesar de contar con más de 5.200 pescadores con licencia, el esperado 'campanu', es decir, el primer salmón de la temporada, sigue sin ser capturado tras más de dos semanas de actividad pesquera. Expertos advierten que esta ausencia podría ser un indicativo del crítico estado de la especie en la cornisa cantábrica. En 2025, ya se registraron solamente 130 salmones capturados, un número alarmantemente bajo comparado con los picos de hasta 5.000 en años anteriores.

En Galicia, la situación es igualmente preocupante. Varias organizaciones ambientalistas han presentado recursos legales contra un campeonato de pesca en el río Ulla, alegando que las competiciones de pesca con muerte amenazan aún más a unas poblaciones que han disminuido más del 80% desde los años 70. Esto ha llevado a protestas ciudadanas bajo el lema "¡Salmón vivo, Ulla vivo!" y a solicitudes para que el salmón sea incluido en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas. Ambas regiones enfatizan la necesidad de implementar un enfoque integral que no solo contemple restricciones de pesca, sino que también aborde problemas fundamentales como la contaminación y la degradación de hábitats.

El debate sobre la intersección de la conservación ambiental y la tradición pesquera es más urgente que nunca. Asturias ha introducido restricciones severas, limitando la captura a solo 154 ejemplares, lo que representa una reducción del 75% en comparación con campañas anteriores. Simultáneamente, se están realizando gestiones para incluir el salmón en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, en respuesta a la creciente preocupación por su sobrevivencia. La situación exige una reflexión profunda sobre cómo equilibrar las necesidades de los ecosistemas fluviales con la herencia cultural de la pesca en la región.