La sostenibilidad en el ámbito empresarial está experimentando una transformación que prioriza el lenguaje financiero por encima de la moralidad y el activismo. Según un análisis de EY, las corporaciones ahora buscan justificar sus decisiones de sostenibilidad a través de métricas económicas tangibles, como el impacto en la cuenta de resultados y la reducción de costes operativos. Este cambio se explica por un contexto de creciente regulación y polarización política, donde las empresas enfrentan un 'tsunami regulatorio'.
A partir de 2015, la sostenibilidad comenzó a ser objeto de numerosas iniciativas legales y estándares, que han pasado de 20 a más de 23,600 en todo el mundo en solo una década. Sin embargo, este exceso de regulación ha llevado a una 'fatiga regulatoria', donde las empresas perciben la sostenibilidad más como una carga que como una oportunidad. Por lo tanto, están intentando reconducir el diálogo hacia áreas de competitividad y creación de valor, buscando alinear sus iniciativas sostenibles con sus objetivos económicos.
El ejemplo de China ilustra cómo la transición hacia energías limpias y tecnologías sostenibles no solo se enfoca en la reducción de emisiones, sino también en la búsqueda de beneficios económicos y el dominio en sectores estratégicos. Las empresas occidentales podrían aprender que la sostenibilidad y la rentabilidad no son conceptos opuestos, y que una gestión eficaz de la sostenibilidad puede resultar en considerables ventajas financieras y competitivas.