Un reciente estudio realizado en el valle del Matachel, Badajoz, evidencia que la reintroducción del lince ibérico (Lynx pardinus) no solo beneficia al propio lince, sino que también favorece el crecimiento de las poblaciones de conejos y perdices rojas en su entorno. Este fenómeno se explica por la reducción en la cantidad de depredadores medianos, como zorros y meloncillos, gracias a la intervención del lince. Los científicos lo denominan "cascada trófica", lo que significa que la presencia de un depredador superior transforma la dinámica del ecosistema, permitiendo que las presas menores se recuperen de una presión depredadora constante. Según el estudio publicado en la revista Biological Conservation, se observó una disminución del 80% en las poblaciones de zorros y meloncillos, lo que se tradujo en una disminución del 55,6% en el consumo de conejos por otros carnívoros.
Además, en 2025, la población de lince ibérico alcanzó los 2.663 ejemplares, lo que representa un aumento del 10,9% en comparación con el año anterior y un notable incremento del 95% en los últimos cuatro años. Este desarrollo es un claro indicativo de la efectividad de los programas de conservación implementados en España y Portugal, que han permitido a esta especie recuperarse de cifras alarmantes, cuando en 2002 se contaron menos de 100 ejemplares. Sin embargo, a pesar de estas buenas noticias, aún persisten amenazas como los atropellos en infraestructuras viarias, que son responsables del 77,9% de las muertes de linces. Se considera fundamental la colaboración entre propietarios de tierras y gestores cinegéticos para asegurar un hábitat propicio y conectado para el lince y su presa natural.