Un reciente estudio en el valle del Matachel, en Badajoz, ha corroborado que la reintroducción del lince ibérico (Lynx pardinus) contribuye al aumento de las poblaciones de conejos y perdices rojas en su entorno. A pesar de que el lince se alimenta principalmente de conejos, su presencia también tiene un impacto significativo al reducir la cantidad de depredadores medianos como zorros y meloncillos. Este fenómeno se debe a lo que los científicos denominan "cascada trófica", donde la reintroducción de un depredador superior reconfigura la dinámica de toda la comunidad de carnívoros, permitiendo que las presas pequeñas, como los conejos, se recuperen del esfuerzo depredador constante.
En el estudio se observó que la presencia del lince dio lugar a una disminución del 80% en las poblaciones de zorros y meloncillos, lo que resulta en una reducción del 55,6% en el consumo de conejos por parte de la comunidad de carnívoros. Este hallazgo no solo es crucial para la conservación del lince, que ha pasado de estar "en peligro" a "vulnerable" según la UICN, sino que también reaviva el debate sobre el papel de los grandes depredadores en la regulación del ecosistema. Aumentar la aceptación social de la reintroducción del lince es vital, ya que dependerá de la colaboración con propietarios de tierras y gestores cinegéticos para asegurar un hábitat saludable y conectado para el lince y su presa natural.
El estudio ha sido publicado en la revista científica Biological Conservation y se enmarca en los esfuerzos por restaurar las funciones ecológicas perdidas en la península ibérica.