La minería de litio en Fiambalá, Catamarca, genera una creciente alarma debido a su impacto en lagunas como Laguna Verde y Laguna Negra, que son vitales para la biodiversidad de la región. El proyecto Tres Quebradas, diseñado por la empresa china Zijin-Liex, demanda entre 1 y 2 millones de litros de agua por tonelada de litio, intensificando la presión sobre ecosistemas hídricos ya vulnerables. Este uso intensivo del agua también afecta al turismo, un motor económico crucial para la zona, reflejado en la reducción significativa en la llegada de visitantes y problemas de abastecimiento de agua. Las comunidades han solicitado investigaciones independientes para evaluar los efectos de la minería en el entorno local.
A esta situación se suma la propuesta de reforma de la Ley de Glaciares en Argentina, que podría permitir una mayor explotación de recursos en áreas delicadas, amenazando la conservación de glaciares y ambientes periglaciares. Los glaciares son esenciales para el abastecimiento de agua y su protección es fundamental ante la creciente demanda de litio y otros minerales críticos. La urgencia de abordar estas cuestiones es subrayada por las preocupaciones sobre el compromiso del Banco Mundial y su brazo privado, la Corporación Financiera Internacional (IFC), que ha sido criticado por no cumplir con estándares ambientales y sociales. Proyectos como el Sal de Vida, destinados a la producción de litio, están generando alarmas por sus posibles daños ambientales irreversibles y por los escasos beneficios que aportarían a las comunidades locales, que enfrentan además una creciente criminalización por resistir tales iniciativas.