El océano es vital para la vida humana, no solo proporcionando oxígeno y regulando el clima, sino también sosteniendo la alimentación de millones y el comercio global. Recientemente, se ha concretado un avance significativo con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, el primer acuerdo internacional pensado para promover la sostenibilidad y proteger la biodiversidad en aguas internacionales. Este tratado ofrece a América Latina una oportunidad histórica para influir en la gobernanza oceánica global, abordando la necesidad de una distribución justa de los beneficios de los recursos marinos.
Además de la conservación, se busca mejorar la sostenibilidad del transporte marítimo, que ya moviliza el 90% del comercio mundial. En este contexto, se discute el Marco Cero Neto en la Organización Marítima Internacional, que podría ser el primer esfuerzo global para descarbonizar esta industria, alineándola con los objetivos climáticos. Sin embargo, esto no debe limitarse a regulaciones; es fundamental que las comunidades costeras y grupos diversos participen en el proceso de toma de decisiones. La inclusión de voces locales es clave para abordar desafíos como el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, aspectos que amenazan la salud de los ecosistemas marinos y el bienestar de las comunidades que dependen de ellos.
En el Día Mundial del Océano, la reflexión sobre cómo se reimagina nuestra relación con el mar es más relevante que nunca. Las decisiones actuales afectarán cómo heredarán las futuras generaciones un océano más saludable y una gobernanza ambiental más justa e inclusiva.