En el contexto mundial de 2026, el aumento de conflictos armados es alarmante, con más de un millón de muertes relacionadas desde 2020. Uno de los factores más relevantes detrás de esta violencia es el acceso y control de recursos naturales, donde la codicia se convierte en justificación para la guerra. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, al menos el 40% de los conflictos internos en los últimos 60 años están vinculados a la explotación de estos recursos.

Ejemplos de la conexión entre recursos naturales y conflictos incluyen la guerra en la República Democrática del Congo por el coltán, la tensión en la región del Cáucaso por el petróleo del Mar Caspio y el conflicto árabe-israelí, que se centra en el control del agua y la tierra. Este fenómeno no solo causa sufrimiento humano, sino que también genera daños ambientales severos, como la destrucción de ecosistemas y la contaminación de suelos y aguas. En este escenario, un consumo moderado y sostenible podría ser clave para reducir las tensiones por recursos.