La deforestación global, impulsada por el consumo de productos como soja, cacao y aceite de palma en Europa, está provocando la pérdida de más de 10,9 millones de hectáreas de bosques cada año. Esta tendencia está íntimamente relacionada con la creciente demanda internacional de estas materias primas, que afecta gravemente a ecosistemas vitales y a las comunidades locales, así como al clima y la biodiversidad.

La Unión Europea, siendo el segundo mayor importador de productos que contribuyen a la deforestación, ha aprobado el Reglamento sobre productos libres de deforestación (EUDR). Esta normativa obliga a las empresas a rastrear el origen de sus materias primas y prohibe el comercio de productos provenientes de zonas deforestadas después del año 2020. Sin embargo, enfrenta presiones de diversos sectores que consideran que las exigencias son demasiado estrictas, lo que podría retrasar o debilitar su implementación.

Organizaciones ambientales han respondido con la campaña Hands Off Nature, que cuenta con más de 400.000 firmas para proteger las normas ambientales de ser debilitadas. Ante este escenario, es crucial un cambio en los hábitos de consumo y la implementación de políticas públicas rigurosas para detener la alarmante pérdida de bosques a nivel mundial.