La creciente contaminación lumínica y acústica representa un grave riesgo para la vida marina, afectando notablemente a especies como las tortugas bobas y a diversas aves marinas. Desde que las crías de tortuga emergen de sus huevos, se orientan hacia la luz, una habilidad que ha sido crucial para su supervivencia durante miles de años. Sin embargo, en las últimas décadas, estos animales se ven deslumbrados por las luces artificiales en las costas, llevándolos a un camino peligroso hacia los hoteles en primera línea de playa, en lugar de hacia el océano. Según datos recientes, la contaminación lumínica ha aumentado un 49% desde el año 2000, un cambio que ha tenido un impacto significativo no solo en las aves icónicas, sino también en invertebrados marinos, cuyas respuestas al estrés y cambios comportamentales son alarmantes debido a la contaminación acústica. Investigadores han hecho un llamado a adoptar estrategias que incluyan un uso eficiente de la iluminación y una planificación más cuidadosa de las actividades marinas en áreas sensibles, con el fin de reducir estos efectos adversos en el ecosistema marino. Además, se apela a priorizar la creación de políticas que integren la sostenibilidad para asegurar la protección de estos ambientes vulnerables.