Desde su reintroducción en los años 90, la cabra montés ha proliferado en la Sierra de Guadarrama, alcanzando cifras que han generado preocupación ambiental. En 2024, se contabilizaron más de 3,700 cabras, lo que ha llevado a un impacto negativo en la flora local, afectando a especies protegidas como el acebo y el abedul. Por esta razón, la Comunidad de Madrid ha planteado un ambicioso plan de gestión para equilibrar la población de esta especie.

El último censo indica una disminución del 35% respecto a 2021, pero el problema persiste debido a una distribución desigual y el desequilibrio en la estructura poblacional. Spuntos como la creación de una reserva biogenética y sistemas de vigilancia más rigurosos buscan contener la población de cabras y permitir la recuperación de las plantas amenazadas, buscando así un equilibrio ecológico en el parque nacional.