Un estudio de la Universidad de Oviedo ha revelado que las semillas no simplemente germinan cuando tienen agua y temperatura adecuadas, sino que ajustan este proceso en función del estrés ambiental y otras perturbaciones en su entorno. Dirigido por el profesor Eduardo Fernández Pascal, el análisis se basó en más de 14.000 ensayos de germinación, que correspondieron a cerca de 1.000 especies europeas, utilizando datos de la base internacional SeedArc, coordinada desde Asturias.
Los resultados del estudio muestran que las semillas en ambientes fríos o secos tienden a retrasar la germinación, prefiriendo esperar hasta que las condiciones sean más favorables para su desarrollo. Por el contrario, aquellas ubicadas en áreas afectadas por perturbaciones, como incendios o actividades agrícolas, germinan de manera más rápida para aprovechar las oportunidades temporales. Esta capacidad de adaptación es crucial dado el cambio climático y el aumento de fenómenos extremos, ya que germinar demasiado pronto podría comprometer la supervivencia de las plántulas. Además, el estudio destaca la importancia de comprender por qué algunas semillas no germinan, lo que puede ser clave para la conservación y restauración de ecosistemas degradados.