Un reciente estudio liderado por Peter Vishton y Paige Bartosh de la Universidad William & Mary ha desafiado la noción tradicional de que solo los seres con cerebro pueden aprender o recordar. A través de experimentos con la planta Mimosa pudica, conocida por su capacidad para plegar sus hojas ante el tacto, se ha demostrado que estas plantas son capaces de ajustar sus movimientos en función de los patrones de luz y oscuridad, lo que sugiere un tipo de 'memoria' o capacidad de 'contar' eventos ambientales.

En un entorno controlado, las plantas mostraron un aumento en su movimiento en las horas previas al amanecer cuando había un patrón de luz programado, indicativo de que podrían discernir entre distintos ciclos de iluminación. Este descubrimiento implica que, aunque no posean neuronas, las plantas podrían tener formas de procesar información y adaptarse a su entorno, un hallazgo que podría repercutir en la agricultura sostenible al permitir un mejor manejo de invernaderos y cultivos. Sin embargo, los autores advierten que aún es necesario realizar más investigaciones para confirmar estos comportamientos y sus implicaciones.

Los resultados del estudio son relevantes para entender cómo ciertas especies pueden adaptarse a los cambios rápidos del entorno, lo que es especialmente importante en un contexto de creciente estrés ambiental debido al cambio climático.