Durante mayo de 2026, España vivió un episodio de calor extremo con temperaturas que superaron los 39 grados en comunidades como Andalucía, Extremadura y Aragón. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) describió esta ola de calor como "intensa, extensa y persistente", provocada por un anticiclón cálido que obstaculizó la llegada de frentes atlánticos. En particular, se registraron temperaturas récord como 40,5 ºC en Sevilla y 39,5 ºC en Córdoba. Este periodo también incrementó las noches tropicales, donde las mínimas superaron los 20 grados.
El impacto humano ha sido significativo, con 101 muertes relacionadas con el calor, la cifra más elevada desde 2015, y con un notable aumento en la mortalidad entre mujeres mayores del norte del país. La ministra de Sanidad, Mónica García, subrayó la necesidad de adaptarse al cambio climático, especialmente ante el creciente riesgo de desigualdad. Además, las altas temperaturas han afectado el entorno educativo, alcanzando más de 30 °C en aulas, lo que ha comprometido el bienestar estudiantil, de acuerdo con la iniciativa Aules que cremen.
A su vez, la temperatura del agua del mar ha alcanzado niveles récord, marcando 26,58 grados en la boya de Mahón y 24,64 grados en Tarragona. Este aumento en la temperatura del agua amenaza a especies como la posidonia y aumenta la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. A medida que avanzaba junio, la situación climática comenzó a cambiar drásticamente, con la llegada de un nuevo frente atlántico que generó tormentas intensas y un marcado contraste en las temperaturas, manteniendo el calor en algunas zonas del sur y el litoral, donde se esperaban superaciones de los 35 ºC.