El Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG), implementado en 2008, se ha convertido en un modelo de gestión hídrica en Castilla-La Mancha, tras décadas de sobreexplotación que amenazaban sus ecosistemas. El director general de Desarrollo Rural, José Juan Fernández, compartió en un reciente congreso que el PEAG ha dado un giro a la gestión de aguas subterráneas, equilibrando la protección ambiental con la actividad económica, especialmente en tiempos de cambio climático y sequías extendidas. Desde su aprobación, las medidas adoptadas, que incluyen controles de extracción y modernización de regadíos, han permitido la recuperación de los niveles de acuíferos, contribuyendo a la mejora de humedales como las Tablas de Daimiel.
Sin embargo, el director subrayó que estos avances son frágiles y representan solo un primer paso hacia una solución definitiva. Con el objetivo de seguir en la senda de recuperación, es crucial mantener y fortalecer el PEAG. Las incógnitas sobre la continuidad de estas medidas y las condiciones climáticas hacen necesario un control constante, pues cualquier relajación podría revertir los logros alcanzados. La transformación del modelo agrícola hacia una mayor eficiencia hídrica y el establecimiento de políticas rigurosas han demostrado su efectividad, pero el riesgo de colapso ecológico sigue presente ante futuras sequías o cambios en la política hídrica.