Los expertos en jardinería destacan al granado (Punica granatum) como una opción ideal para quienes buscan un árbol que se adapte a espacios reducidos. Este frutal, que puede crecer entre 1,5 y 4 metros, requiere pleno sol y un suelo bien drenado, siendo capaz de florecer en verano y producir granadas en otoño. Su sistema radicular se concentra en los primeros 60 centímetros del suelo, lo que ayuda a evitar problemas con el pavimento.

El granado es conocido por su resistencia a la sequía, aunque necesita riegos regulares en los meses más calurosos para asegurar una buena producción de fruta. Investigaciones del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias han mostrado que la aplicación de agua ideal es de aproximadamente 425 milímetros al año para optimizar su cultivo. Además, el granado no solo aporta frutos, sino que sus flores atraen polinizadores, lo que es beneficioso para la biodiversidad en entornos urbanos. Por ello, considerar este árbol en jardines puede ser una opción sostenible y estéticamente gratificante.