La fragmentación del hábitat está llevando al aislamiento genético de los elefantes africanos, constituyendo una grave amenaza para la supervivencia de la especie. Un reciente estudio muestra que la movilidad limitada entre poblaciones debido a la expansión humana y el desarrollo agrícola ha reducido el intercambio genético, lo que incrementa el riesgo de enfermedades y debilita la salud de los elefantes. En particular, regiones de Eritrea y Etiopía enfrentan altos niveles de endogamia, lo que agrava aún más la situación.

El estudio también destaca que el problema varía geográficamente; mientras que algunas áreas del noreste de África experimentan un aislamiento extremo, otras, como la región central, mantienen conexiones que permiten cierto intercambio genético. Para contrarrestar estos efectos, se recomienda la restauración de corredores ecológicos que faciliten el movimiento de los elefantes entre sus hábitats, un enfoque más efectivo que los traslados artificiales. El caso del Área de Conservación Transfronteriza Kavango-Zambezi (KAZA) ejemplifica cómo la cooperación internacional y la gestión adecuada del territorio pueden contribuir a la salud genética de las poblaciones de elefantes.