En 2024, la financiación climática mundial se hipotecó al registrar un crecimiento de solo el 2,9 % respecto al año anterior, alcanzando los 136.700 millones de dólares. Este aumento se sitúa muy por debajo del 14,6 % registrado en 2023, lo que pone en peligro el objetivo de movilizar al menos 300.000 millones de dólares anuales antes de 2035, establecido durante la COP29. Aunque se mantiene la capacidad de los países desarrollados para superar el compromiso de 100.000 millones, la sostenibilidad de este impulso es incierta.
El análisis de la OCDE resalta que la financiación pública ha sido clave, representando aproximadamente dos tercios del total movilizado. No obstante, las donaciones bilaterales sufrieron un notable retroceso, mientras que la financiación privada mostraba un crecimiento significativo del 33 %, alcanzando los 30.500 millones de dólares. Este cambio en la inversión privada refleja una mayor colaboración de sectores industriales interesados en tecnologías limpias y energías renovables.
A nivel regional, Asia concentró el 39 % de los fondos climáticos, seguido de África con un 29 % y América con un 18 %. Esta distribución subraya la creciente vulnerabilidad de estas áreas ante fenómenos climáticos extremos. En conclusión, la dinámica reciente de la financiación climática evidencia la necesidad urgente de acelerar los compromisos económicos y mejorar la cooperación internacional para mitigar el impacto del cambio climático de forma efectiva.