Un reciente estudio de la Universidad de Rochester, publicado en marzo de 2026, ha descubierto que la escasez de fosfato en el océano puede ser un factor clave en la producción de metano en aguas oxigenadas. Este hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre el mecanismo que impulsa la liberación de metano a la atmósfera, sugiriendo que ciertos microbios generan este gas cuando enfrentan la falta de fosfato, un nutriente esencial. El calentamiento global podría exacerbar este problema al disminuir la mezcla vertical del océano, lo que limitaría la llegada de nutrientes a la superficie y, por ende, facilitaría la producción de metano.

Este fenómeno se enmarca en lo que se ha denominado la 'paradoja del metano marino', que indica que, a pesar de estar presente en aguas oxigenadas, la producción de metano podría ser más común de lo que se pensaba. El estudio señala que este mecanismo no ha sido considerado en gran medida en modelos climáticos, lo que podría conducir a subestimaciones de la cantidad de metano liberado y su impacto en el calentamiento global. Con el potencial del metano de ser mucho más dañino que el CO2 a corto plazo, es esencial abordar esta cuestión para frenar el calentamiento global y preservar los ecosistemas.