Europa está experimentando un calentamiento más pronunciado que cualquier otro continente. Un informe de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial estima que el 95% de su territorio ha registrado temperaturas por encima de lo habitual, desencadenando sequías severas, incendios y alteraciones en el Ártico. Este aumento de temperatura supone riesgos tangibles, como el deshielo de glaciares, el incremento del nivel del mar y cambios en los patrones de lluvia.

A mediados de este año, se anticipa la llegada del fenómeno de El Niño. Aunque no hay evidencia concreta que lo vincule directamente con el cambio climático, los expertos advierten que unas condiciones oceánicas y atmosféricas más cálidas podrían agudizar sus efectos, presentando un desafío adicional para la estabilidad climática de la región. En este contexto, el reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y MERCOSUR ha despertado críticas de los pequeños ganaderos europeos, quienes temen recién la competencia por parte de grandes corporaciones. Asimismo, se ha llevado a cabo una Conferencia sobre Transición Energética en la que se propuso la implementación de un impuesto a los grandes contaminadores como medida para fomentar un cambio ecológico justo.

Por otro lado, se ha detectado un alarmante descenso en las poblaciones de salmón atlántico en España, con una caída superior al 80% en la última década, lo que ha llevado al Ministerio de Medio Ambiente a exigir un informe técnico sobre su conservación. En este sentido, la controversia en torno a la minería, como la reapertura de Aznalcóllar, también ha suscitado preocupaciones, con aquél impacto potencialmente grave sobre la salud pública y el ecosistema. La ciudadanía, respaldada por investigaciones científicas, se ha mostrado en contra de estas iniciativas que pueden comprometer aún más la biodiversidad y la salud ambiental.