Cerca de la mitad de los niños en Estados Unidos respiran aire contaminado, según un informe que destaca los riesgos para su salud y el aumento de la desigualdad ambiental. Más de 33 millones de menores viven en áreas con mala calidad del aire, expuestos a altos niveles de contaminantes como el ozono y las partículas finas. Estas condiciones no solo comprometen su desarrollo físico, como el crecimiento pulmonar, sino que también impactan su capacidad cognitiva y educativa.
El informe también aborda cómo el cambio climático, mediante el aumento de temperaturas y la proliferación de incendios forestales, intensifica la contaminación atmosférica. Además, revela disparidades significativas entre comunidades, evidenciando que los niños hispanos y negros presentan una exposición mayor a niveles peligrosos de contaminación en comparación con la población blanca. A esto se suma el retroceso en las políticas ambientales que han debilitado las regulaciones necesarias para controlar la calidad del aire.
El ozono a nivel del suelo y las partículas finas se identifican como los principales responsables de esta crisis ambiental. Estos contaminantes aumentan el riesgo de diversas enfermedades y afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, convirtiendo la contaminación del aire en un asunto urgente de salud pública y equidad social.