La población de caballos salvajes en España ha sufrido una drástica reducción, cayendo a menos de la mitad de los 22.000 ejemplares que habitaban en los años 70. La importancia de estos caballos radica en su papel fundamental en la prevención de incendios forestales; se alimentan de vegetación baja y matorrales, que son potenciales combustibles en épocas de sequía. Investigaciones realizadas por la Universidad de Barcelona y otras instituciones han puesto de relieve cómo estos animales contribuyen a un control efectivo de la carga de combustible vegetal y ayudan a mantener los paisajes abiertos.
Razas como el Pottoka y el caballo de Przewalski han mostrado adaptaciones en sus dietas que les permiten colaborar en la gestión forestal. Su presencia no solo reduce el riesgo de incendios, sino que también potencia la biodiversidad y la captura de carbono, siendo preferibles a prácticas como la plantación de eucaliptos. A pesar de esto, la expansión del eucalipto ha limitado su acceso a alimentos, lo que complica su supervivencia y, por ende, su contribución a la lucha contra incendios. Es esencial apoyar iniciativas que busquen preservar a estos caballos para asegurar su función ecológica.
Asimismo, en Castilla-La Mancha, la controversia por la construcción de cinco macrogranjas de la empresa Aviagen está generando tensiones ambientales. La Plataforma para la Defensa del Valle y Hoces del Mesa ha solicitado la paralización de este proyecto debido a su posible impacto negativo en el hábitat de la alondra ricotí, una especie de ave altamente amenazada. Este tipo de instalación representa una amenaza para la biodiversidad y pone de manifiesto la contradicción entre el desarrollo industrial y la protección de ecosistemas frágiles.