En el marco de la lucha por la conservación de la biodiversidad, el director del Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de la UNEP-WCMC, Neville Ash, ha subrayado la necesidad urgente de proteger el 30 % de las áreas oceánicas antes de 2030. A pesar de que se ha alcanzado el objetivo del 10 % de océanos protegidos, cualquier retroceso o retraso hacia la siguiente meta podría comprometer los esfuerzos globales para revertir la degradación ambiental. Esta situación es particular en la alta mar, donde menos del 2 % de las aguas internacionales están actualmente bajo protección. La reciente entrada en vigor del Tratado de Alta Mar presenta una oportunidad importante, permitiendo a los países crear nuevas reservas naturales en aguas remotas, basándose en criterios científicos en lugar de políticos.
Ash también destacó que la mera creación de áreas protegidas no asegura automáticamente beneficios para la biodiversidad. Es fundamental que estas zonas estén adecuadamente gestionadas, conectadas y representativas de diversos ecosistemas. Las áreas protegidas deben estar ubicadas en zonas de alto valor ecológico y contar con los recursos necesarios para su gestión, además de un seguimiento continuo por parte de científicos. La falta de datos precisos y de financiación son obstáculos importantes que necesitan ser superados para realizar una conservación efectiva. El llamado a una acción integral se hace aún más urgente, ya que proteger el 30 % de los océanos es una estrategia clave no solo para la biodiversidad, sino también para combatir el cambio climático y garantizar la seguridad alimentaria en un contexto de sobreexplotación de recursos marinos.