El dragado del río Lérez, que requiere una inversión de 12 millones de euros, enfrentará un retraso de al menos dos a tres meses debido a la solicitud de nuevos estudios ambientales por parte del Ministerio para la Transición Ecológica. Estos estudios adicionales, que incluyen el análisis de sedimentos, especies invasoras y el impacto en ecosistemas marinos, son vitales para evaluar los efectos del proyecto sobre la biodiversidad. Las preocupaciones se centran en el aumento de turbidez, que dañaría las praderas submarinas de zostera, esenciales para la absorción de carbono y el refugio de especies.

La Xunta de Galicia ha criticado esta decisión, argumentando que en los últimos diez años se han realizado cuatro caracterizaciones de sedimentos sin encontrar contaminación, lo que ha generado conflicto con el Gobierno. Este caso pone de manifiesto la complejidad de compatibilizar el desarrollo de infraestructuras estratégicas con la necesidad de garantizar la protección ambiental en un área sensible como la ría de Arousa, un entorno de gran importancia para la acuicultura. La solución a esta situación podría sentar un precedente en futuros proyectos de dragado en la costa española.