Las repoblaciones de pinos, incluso tras más de un siglo de crecimiento, no logran recuperar la biodiversidad de los bosques maduros, según un estudio liderado por la Universidad Rey Juan Carlos. A pesar de incrementar el número de especies, las plantaciones no consiguen replicar la estructura y el funcionamiento ecológico de los bosques maduros. Esto cuestiona la creencia común de que simplemente plantar árboles es suficiente para restaurar ecosistemas complejos.

El estudio, que analizó comunidades de hormigas como bioindicadores, revela que las características estructurales de los bosques maduros son fundamentales para la biodiversidad. La altura de los árboles, la variabilidad en el grosor del tronco y la complejidad del hábitat son factores decisivos que las repoblaciones no pueden cumplir. Los expertos abogan por una estrategia que combine la protección de los bosques maduros y una gestión que promueva la diversidad en las plantaciones, alejándose de los modelos monoespecíficos.

El análisis concluye que ni un siglo de desarrollo es suficiente para restaurar la riqueza ecológica de los ecosistemas maduros. La investigación subraya la importancia de reconstruir no solo la cantidad de especies, sino también la funcionalidad del ecosistema, enfatizando que se requiere un enfoque más sofisticado en la restauración forestal para combatir la pérdida de biodiversidad.