Los vecinos de diversas localidades en España se han manifestado en contra de la construcción de plantas de biogás, argumentando los riesgos asociados, como los malos olores y la contaminación. En Huelves, Cuenca, se propone una planta que trataría 233.000 toneladas de residuos agroalimentarios, una cantidad desproporcionada para los 105 habitantes del municipio. La asociación Pueblos Vivos Cuenca advierte que este tipo de instalaciones podría agravar la despoblación y contribuir a un modelo industrial contaminante.
El biogás, aunque se considera una energía renovable, no está exento de consecuencias ambientales, y su gestión es crucial para evitar problemas. Las preocupaciones sobre malos olores han sido corroboradas por experiencias recientes, como la planta de biogás en Casasbuenas, que generó quejas masivas de los residentes por olores insoportables. A pesar de que se argumenta que existen tecnologías para mitigar estos efectos, la falta de confianza en las empresas y las administraciones locales persiste entre la población.
El debate sobre la instalación de plantas de biogás resalta la necesidad de una transición energética justa y planificada, donde se escuche la voz de las comunidades afectadas. Los vecinos demandan que se garantice una gestión adecuada de los residuos y que se evalúen correctamente los impactos de estos proyectos para que no se conviertan en “monstruos insostenibles”.