Investigadores han revelado que las erupciones volcánicas en la Cordillera de los Andes, ocurridas hace entre 10 y 5 millones de años, jugaron un papel clave en la evolución de las ballenas gigantes. Durante este periodo, la gran cantidad de ceniza rica en nutrientes liberada al océano estimuló un incremento en la productividad marina, favoreciendo el crecimiento del fitoplancton, base de la cadena alimentaria oceánica.
Este aumento de nutrientes permitió la expansión de organismos como el krill, que se convirtió en uno de los recursos alimentarios más importantes para las ballenas modernas. Sin embargo, los investigadores también advierten que este enriquecimiento marino tuvo consecuencias negativas, provocando episodios de proliferación de algas tóxicas, que generaron estrés ecológico y potencialmente contribuyeron a extinciones de diversas especies marinas, incluyendo importantes depredadores.
El yacimiento de Cerro Ballena en Chile destaca como un relevante sitio paleontológico donde se han encontrado numerosos fósiles de cetáceos, lo que indica importantes transformaciones ecológicas en esa época. Este estudio ilustra cómo procesos geológicos pueden tener un impacto duradero en la evolución de la vida marina, recordándonos la interconexión entre los fenómenos naturales y la biodiversidad a nivel planetario.