La invasión de los mapaches en España se ha vuelto preocupante, ya que este depredador compite directamente con especies autóctonas y puede transmitir enfermedades peligrosas mediante parásitos como el Baylisascaris procyonis, que es fatal para los humanos. Su capacidad de resistencia y dieta omnívora han favorecido una rápida proliferación en diversas regiones, impactando negativamente la agricultura, especialmente en cultivos de maíz, viñedos, sandías y melones.
Los mapaches no solo destruyen nidos, sino que también se alimentan de huevos, anfibios, reptiles, peces y pequeños mamíferos, lo que lleva al desplazamiento de especies nativas como la jineta, el tejón y el visón europeo. Además, su presencia ha sido documentada en numerosas áreas, incluidas la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Andalucía, Baleares, Galicia, País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana, Asturias y Cantabria. Este fenómeno se intensifica en la cornisa cantábrica, donde su población continúa creciendo. Considerados oficialmente como especie exótica invasora, su posesión, comercio y transporte están prohibidos en España debido al alto riesgo que representan para la biodiversidad, la salud pública y la agricultura.