Un análisis realizado por investigadores de la Universidad de Stanford ha descubierto que las quemas controladas pueden disminuir en un 92 % el riesgo de incendios forestales graves y reducir en un 20 % las muertes causadas por la contaminación del aire asociada a estos eventos. El estudio, publicado en la revista Science, examina datos satelitales desde 2001 hasta 2021 y sugiere que los incendios de baja intensidad generan un efecto de prevención a largo plazo en la gravedad de los incendios futuros.

Los hallazgos indican que las zonas afectadas por quemas controladas pueden mantener un bajo riesgo de futuros incendios durante al menos una década. Sin embargo, la efectividad varía según el tipo de vegetación, siendo más notable en los bosques de coníferas. Ampliar el uso de las quemas controladas podría mejorar la calidad del aire, disminuyendo la contaminación por partículas finas en un 10% a lo largo de diez años.

El estudio destaca no solo la relevancia de las quemas controladas, sino también la importancia de prácticas adicionales como el pastoreo y la gestión forestal para mitigar el riesgo de incendios y minimizar el impacto en la salud pública, considerando que el humo de los incendios forestales es una amenaza grave para la salud ambiental y humana.