Las autoridades canadienses han tomado la decisión de trasladar a 30 belugas desde el cierre de Marineland hacia varios acuarios en España y Estados Unidos. Aunque esta medida evita un destino incierto para los cetáceos, como su posible sacrificio, numerosos defensores de los animales expresan que esta reubicación no soluciona el problema del cautiverio, ya que los cetáceos seguirán viviendo en recintos artificiales.
Las belugas, conocidas por ser altamente sociales y migratorias, verán su comportamiento natural restringido y perderán la oportunidad de regresar a su hábitat marítimo. Entre los nuevos destinos de estas belugas figura el Oceanogràfic de València y otros acuarios de renombre en Estados Unidos. La medida ha reabierto el debate acerca de la ética de mantener cetáceos en cautividad, a pesar de los estándares de bienestar mejorados que algunos nuevos centros pueden ofrecer.
La cuestión sobre su futuro destaca la necesidad de alternativas más éticas, como la creación de santuarios marinos, donde estos animales puedan vivir en condiciones más acordes a su hábitat natural. Sin embargo, los especialistas advierten que por muchos años que pasen en cautividad, la reintroducción al océano es un reto considerable. Este caso de las belugas invita a reflexionar sobre el impacto del cautiverio y el necesario respeto hacia los derechos de los animales.