La actividad pesquera de barcos con bandera china está generando una enorme presión sobre los ecosistemas marinos. Un informe de Oceana revela que entre 2022 y 2024 más de 57 000 buques chinos realizaron más de 110 millones de horas de pesca, concentrando el 44 % de la actividad registrada. Este problema se agrava porque muchos barcos apagan sus localizadores, ocultando su actividad. La pesca de arrastre, predominante en esta flota, es especialmente destructiva al dañar fondos marinos y capturar especies no objetivo.

El impacto de la pesca ilegal no se limita a las estadísticas; en el Atlántico suroeste, la presión sobre el calamar argentino ha aumentado un 85 % en los últimos años, poniendo en riesgo la cadena alimentaria de especies marinas esenciales. Las organizaciones piden mayor control y trazabilidad para asegurar que los productos del mar no estén vinculados a la pesca ilegal y a la explotación laboral. Este desafío global requiere acción concertada y vigilancia.