Un reciente informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de la ONU (UNU-INWEH) revela que la evaluación del impacto ambiental de la inteligencia artificial (IA) está subestimada. Actualmente, se mide principalmente a través de las emisiones de CO2, ignorando el considerable uso de agua y suelo asociado a la infraestructura de la IA. La utilización de centros de datos no solo consume mucha energía, sino que también implica un considerable consumo hídrico y de terreno, elevando la presión sobre recursos ya limitados.

La expansión de los sistemas de IA está proyectada para requerir un consumo eléctrico de 945 teravatios-hora (TWh) para 2030, lo que podría resultar en emisiones de hasta 400 millones de toneladas de CO2, similar a las del Reino Unido. Los expertos subrayan que las decisiones sobre el uso de energía en la IA deben incluir consideraciones sobre el agua y el suelo, ya que un enfoque limitado puede desviar las cargas ecológicas a regiones con escasez de recursos. Además, la infraestructura necesaria para operar estos sistemas genera grandes cantidades de residuos electrónicos, con proyecciones de 2,5 millones de toneladas al año para 2030.

Por último, el informe hace un llamado a utilizar la IA de manera responsable, instando a los gobiernos a planificar la infraestructura de IA dentro de una visión más amplia que contemple el agua, la energía y el uso del suelo, para evitar replicar problemas ya vistos en otros países como Irlanda.