La compañía química Solvay, que opera en Torrelavega, Cantabria, busca transitar hacia una producción más sostenible con la construcción de una planta de biomasa, respaldada por una subvención de 30 millones de euros de la Unión Europea. Este proyecto tiene como objetivo reducir casi la mitad de las emisiones de CO2 para 2027. Sin embargo, su historial de contaminación en la playa de Usgo, donde vierte residuos químicos, ha suscitado serias preocupaciones sobre su compromiso real con la descarbonización y la sostenibilidad ambiental. Expertos como Mario Rodríguez, de la Fundación ECODES, y Alfonso Fernández-Manso, profesor de la Universidad de León, advierten sobre las limitaciones de la biomasa como solución ecológica, enfatizando que su combustión también genera emisiones perjudiciales. Además, la planta puede tener impactos negativos en el medio ambiente y la salud pública, lo que reitera la necesidad de estrategias más efectivas para alcanzar la neutralidad de carbono sin comprometer la calidad del aire y el bienestar de las comunidades cercanas.