El término plástico abarca una amplia variedad de materiales, muchos de ellos con características y usos disimiles. Cada tipo de plástico, como el PET para botellas o el PVC para tuberías, se compone de polímeros que a menudo se combinan con aditivos químicos para otorgarles propiedades específicas. Sin embargo, un estudio sostiene que se utilizan al menos 16,000 productos químicos en su producción, de los cuales más de 4,200 son potencialmente peligrosos y tienen efectos tóxicos o bioacumulativos.
Este uso de aditivos es uno de los grandes desafíos en la gestión de residuos plásticos. Según Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, "la contaminación por plásticos radica en que desechamos materiales que son altamente duraderos y resistentes a la degradación". Investigaciones recientes han demostrado que los plásticos de ciertos colores, especialmente los pigmentados en rojo, verde y azul, son más susceptibles a degradarse y fragmentarse en microplásticos, exacerbando el problema ambiental.
La resistencia a la degradación de estos materiales significa que objetos de plástico fabricados hace décadas siguen presentes en ecosistemas como playas y bosques, complicando aún más los esfuerzos de limpieza y recuperación ambiental. El futuro de los plásticos podría depender tanto de su composición química como de su color, aspectos que son cruciales para comprender su impacto en el medioambiente.