Javier Rufino Rus, quien asumió el cargo de fiscal de Medio Ambiente el 18 de marzo, ha subrayado que la delincuencia ambiental se ha convertido en un fenómeno grave, estructurado y transnacional. Según Rufino, este tipo de criminalidad está ganando notoriedad por encima de otros delitos graves, como el tráfico de drogas y de seres humanos. La dificultad para recoger pruebas durante los juicios y la alta rentabilidad de estas actividades hacen indispensable una respuesta contundente y colaborativa entre las administraciones públicas, las asociaciones ecologistas y la ciudadanía. Se hace hincapié en la necesidad de cuerpos policiales especializados en este ámbito.
Además de abordar la delincuencia organizada relacionada con residuos y tráfico de especies, Rufino también expresó su preocupación por los incendios forestales de nueva generación, que son prácticamente incontrolables y cuya autoría es difícil de determinar. En 2025, se registraron 1.087 sentencias condenatorias por delitos ambientales, destacando los relativos a delitos urbanísticos y maltrato animal. Sin embargo, los incendios forestales, que han aumentado alarmantemente en número y gravedad, representan uno de los mayores retos para la fiscalía. Rufino enfatiza que las respuestas a estos desafíos ambientales deben ser colectivas, instando a una mayor educación y colaboración entre todos los actores sociales para afrontar la creciente complejidad de la delincuencia ambiental.