Un reciente estudio publicado en Nature Geoscience ha revelado que grandes lagos en la cuenca del Congo están emitiendo dióxido de carbono (CO₂) antiguo, previsto que tiene edades entre 2170 y 3515 años. Esta emisión proviene de turba acumulada, lo que plantea inquietudes sobre la estabilidad de este importante ecosistema. Aunque se trata de una señal que no indica el colapso del sistema, sí sugiere que la Cuvette Centrale del Congo, considerada como una de las mayores reservas de carbono del mundo, está experimentando un fenómeno inquietante.

Los lagos Mai Ndombe y Tumba, en el centro de este estudio, presentan un patrón donde el CO₂ inorgánico disuelto se origina de depósitos profundos de turba, en lugar de solo materia vegetal reciente. Este descubrimiento contradice la idea previamente aceptada de que el carbono antiguo en las turberas permanece protegido. Según los investigadores, el cambio en las condiciones, como el aumento de sequías, podría movilizar más carbono hacia la atmósfera, intensificando su impacto en el calentamiento global.

Con más de 29 petagramos de carbono almacenado, el equilibrio climático del planeta podría verse afectado significativamente si estas emisiones continúan aumentando. Es vital realizar un seguimiento más exhaustivo de las dinámicas de agua en las turberas para entender si este fenómeno es parte del ciclo natural o un indicativo de una vulnerabilidad creciente en el ecosistema.