Ibiza se ha convertido en el destino turístico más masificado de España, con una presión de 27 turistas por cada habitante, lo que trae consigo un serio colapso medioambiental. Esta situación ha llevado a la privatización de la costa y la expulsión de la población local, obligada a transformar sus viviendas en alojamientos turísticos. El autor del reciente libro Ibiza masificada: así nos expropian la isla y nos expulsan de ella, Joan Lluís Ferrer, alerta sobre cómo el exceso de turismo impacta negativamente en el entorno y en la comunidad.

La isla alberga la mayor densidad de coches en Europa y la mayor concentración de yates en su costa, además de soportar la mayor producción de residuos y el alto consumo de agua, elementos que han llevado a la población a depender de desaladoras. Ferrer destaca que el fenómeno del turismo de lujo ha elevado los precios en el mercado residencial, afectando a los residentes que enfrentan alquileres exorbitantes.

A esta crítica se suma la polémica sobre el proyecto de ampliación del aeropuerto, que ha sido rechazado por todos los partidos políticos, ya que se desarrolla junto al Parque Natural de ses Salines, una de las áreas naturales más importantes de Baleares. Esta situación plantea un dilema entre el crecimiento turístico y la sostenibilidad ambiental en la isla.