La lucha de Europa contra los plásticos de un solo uso ha tomado un giro innovador gracias a Jacqueline Prawira, una estudiante del MIT. Inspirada por la gran cantidad de escamas de pescado desechadas en los mercados, Prawira ha desarrollado un material alternativo que imita las propiedades del plástico convencional. Este nuevo material, que se puede usar para productos desechables como bolsas y envases, es biodegradable y se degrada en entornos de compostaje. La estudiante destaca que, en lugar de crear plásticos que perduran en el medio ambiente, su material puede descomponerse sin dejar residuos nocivos. Sin embargo, aún queda camino por recorrer, incluyendo su producción a gran escala y pruebas de su funcionalidad y durabilidad en el mundo real, para confirmar que esta solución sea viable y realmente sostenible a largo plazo.