La situación en las Dunas de Maspalomas, donde la arena reclama su espacio, refleja un cambio de paradigma en la gestión del litoral español. En lugar de invertir en defensas rígidas, la tendencia se mueve hacia la adaptación del entorno costero, aceptando la retirada gradual de construcciones humanas para colaborar con la dinámica natural del mar. Este giro se justifica ante la creciente erosión provocada por el aumento del nivel del mar y los temporales extremos.
Las intervenciones tradicionales, como la construcción de muros de hormigón, han mostrado ser ineficaces, ya que su acción provoca una erosión adicional en las playas. Expertos, como Laura del Río y Miriam García, abogan por una renovación del enfoque, sugiriendo que se puede transformar el paisaje costero hacia una visión más integrada con la naturaleza, mejorando la resiliencia y la calidad del espacio público. Ejemplos en localidades como Calafell y Vigo indican que la eliminación de barreras rígidas en favor de soluciones verdes resulta en una recuperación casi inmediata de las playas.
La urgencia climática está acelerando este tipo de proyectos, donde se buscan soluciones basadas en la naturaleza que restauren sistemas dunares y ecosistemas saludables. La colaboración entre diferentes niveles administrativos y el sector privado se considera crucial para avanzar en esta nueva etapa de adaptación costera, que no solo es vital para la protección del litoral, sino también para el modelo turístico del país.