España ha decidido no apoyar la modificación de las normativas que regulan las emisiones de CO2 en la Unión Europea. Este rechazo es significativo en el contexto de los esfuerzos de sostenibilidad del país y su compromiso con la reducción de la contaminación atmosférica. Mantener estándares estrictos es clave para avanzar hacia una movilidad más sostenible y cumplir con los objetivos climáticos pactados a nivel europeo.