En primavera, los embalses españoles alcanzan niveles de llenado nunca vistos, con reservas a solo un 16 % de su capacidad máxima. Sin embargo, investigaciones recientes destacan que esto no garantiza la seguridad hídrica en el contexto del cambio climático. Los climatólogos Corey Lesk y Justin Mankin, en un estudio publicado en Nature, sugieren que la manera en que caen las precipitaciones es crucial. Lluvias intensas seguidas de sequías pueden provocar una rápida evaporación del agua en la superficie, lo que reduce la humedad en los suelos.

Sergio Vicente, investigador del CSIC, señala que a pesar de que la cantidad de lluvia en el Mediterráneo se mantiene estable, el aumento de la temperatura provoca que la atmósfera demande más agua, generando sequías más frecuentes e intensas. En esta línea, la gestión del agua debe tener en cuenta no solo las precipitaciones, sino también factores como la evaporación atmosférica y el consumo hídrico anual, que es comparable al volumen actualmente almacenado en embalses. Este contexto subraya la importancia de una adecuada planificación ante la variabilidad climática para evitar crisis hídricas futuras.