El lobo ibérico enfrenta una situación crítica, siendo considerado vulnerable como resultado de la caza y la pérdida de diversidad genética. A pesar de un aumento en algunas poblaciones, los estudios revelan preocupaciones sobre la endogamia y la falta de conexión entre manadas, lo que está minando su salud genética. Investigaciones de la Estación Biológica de Doñana han evidenciado una compleja estructura genética en la Península, con tres grupos diferenciados en la Cordillera Cantábrica y escaso intercambio entre ellos.
La reciente llegada de lobos italianos a los Pirineos trae esperanzas al permitir el fortalecimiento genético de la especie. Sin embargo, el futuro del lobo ibérico depende de decisiones políticas acertadas y la implementación de medidas eficaces de prevención y gestión, que resultan cruciales para la coexistencia con la ganadería y la protección de esta especie clave en los ecosistemas ibéricos. La ciencia señala que la conservación del lobo no solo es necesaria desde un enfoque ecológico, sino que también representa un compromiso con la biodiversidad y la sostenibilidad de los ecosistemas de la región.