El fenómeno de El Niño vuelve a ser relevante en la actualidad científica, ya que se anticipa una posible reactivación para la segunda mitad de 2026. Los últimos informes del Servicio de Cambio Climático de Copernicus reflejan un aumento continuo en la temperatura superficial del mar, acercándose a récords establecidos en 2024, lo que sugiere una transición hacia El Niño. En marzo de 2026, las temperaturas del aire en superficie alcanzaron 1,48 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, siendo este mes el cuarto más cálido en los registros históricos.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) también alerta sobre la probable evolución del actual episodio de La Niña hacia condiciones neutrales, lo que incrementaría las posibilidades de un episodio de El Niño entre junio y agosto, pronosticando una probabilidad del 62%. Este fenómeno, que implica un calentamiento de las aguas del Pacífico tropical, puede tener distintos efectos en el clima global, inhibiendo la formación de huracanes en el Atlántico pero incrementando precipitaciones en otras regiones.
El monitoreo continuo de El Niño es crucial para entender sus repercusiones en agricultura, energía y gestión de desastres, llegando en un momento de creciente incertidumbre climática. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también ha indicado que la probabilidad de que La Niña finalice y se desarrolle El Niño es alta, lo que podría intensificar fenómenos climáticos extremos a nivel global.