La preocupación por la relación entre plásticos y cambio climático ha crecido notablemente. Según Naciones Unidas, el plástico no solo es un problema de residuos, sino también una importante amenaza climática, pues su producción depende del petróleo y gas natural. Cada etapa del ciclo de vida del plástico, desde la extracción hasta la eliminación, contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero, exacerbando la crisis climática.

El reciente encarecimiento del petróleo ha presentado una oportunidad para reconsiderar modelos económicos centrados en la reutilización y alternativas sostenibles. La producción de plástico virgen se está volviendo menos rentable, lo que podría acelerar la adopción de envases reutilizables. Asimismo, hay un creciente apoyo social hacia políticas fiscales que fomenten el reciclaje y la reducción de plásticos innecesarios.

No obstante, sectores como la medicina y la electrónica aún dependen de plásticos específicos, lo que complica la transición. Ante este escenario, Naciones Unidas hace hincapié en la necesidad de diferenciar entre plásticos evitables y aquellos que son fundamentales para ciertos usos. La clave radica en implementar una economía circular que reduzca la dependencia de combustibles fósiles y transforme la industria petroquímica.