El proyecto Underwater Gardens Tenerife ha desatado una fuerte controversia debido a las acusaciones de greenwashing lanzadas por Greenpeace y más de treinta colectivos ecologistas. Estas organizaciones sostienen que el macroproyecto submarino, que pretende desarrollarse en una Zona Especial de Conservación de la Red Natura 2000, utiliza un discurso ambiental para enmascarar una propuesta incompatible con la conservación real de ecosistemas marinos.
Según los críticos, el proyecto favorece la creación de infraestructuras artificiales y la explotación turística en detrimento de la restauración ecológica. Las organizaciones denuncian que Underwater Gardens Tenerife no cumple los estándares requeridos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ya que no genera beneficios medibles para la biodiversidad ni restaura procesos ecológicos. Además, se advierte que cualquier aumento en la presión humana sobre estos espacios protegidos podría acelerar la degradación de los hábitats marinos, ya debilitados por la urbanización y el turismo intensivo.
Ante esta situación, Greenpeace y Salvar Punta Blanca exigen no solo la paralización inmediata del proyecto, sino también un endurecimiento de los mecanismos de control ambiental para prevenir que iniciativas turísticas se presenten como sostenibles sin cumplir con criterios científicos rigurosos. Propugnan inversiones en proyectos auténticos de restauración ecológica, con el compromiso de que se realicen con participación pública y bajo una evaluación ambiental rigurosa.