Brasil se distingue en el uso de combustibles alternativos, especialmente en biocombustibles como el etanol y el biodiésel, superando a la Unión Europea. Este avance ha sido destacado por el canciller alemán Friedrich Merz, quien considera el modelo brasileño como una vía eficaz hacia 2035. A diferencia de Europa, que enfrenta debates sobre su futuro energético y la eliminación del motor de combustión, Brasil ha implementado políticas públicas desde hace décadas que promueven el uso de biocombustibles. Aproximadamente el 75 % de los vehículos en Brasil son flex fuel, capaces de utilizar mezclas de gasolina y biocombustibles.

El sistema brasileño ofrece una alternativa significativa a la electrificación total, permitiendo la reducción de emisiones sin necesidad de modificar toda la infraestructura existente. Se aprovechan además los recursos agrícolas del país, fomentando empleo en zonas rurales y contribuyendo a la seguridad energética y al desarrollo económico. En contraste, la Unión Europea lidia con diferencias internas sobre combustibles sintéticos y su estrategia energética, lo que pone de relieve cómo la transición energética debe ser diversa y adaptativa, en función de las circunstancias específicas de cada región.