La biodiversidad del océano es extensa, pero amenazada por el cambio climático y actividades humanas. En el Mediterráneo, varias especies, incluyendo mamíferos como el delfín mular y reptiles como la tortuga boba, enfrentan graves riesgos de extinción. Para abordar esta situación, España cuenta con herramientas legales como el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) y el Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA), aunque su implementación enfrenta desafíos significativos, incluyendo la falta de coordinación entre administraciones.

Uno de los casos emblemáticos es el de la anguila, que sigue sin recibir protección adecuada a pesar de su clasificación como ‘En peligro crítico de extinción’. A su vez, las dificultades en la protección de la pardela balear, el ave marina más amenazada de Europa, revelan la complejidad del censo y los impactos de depredadores introducidos y la pesca accidental. Asimismo, la nacra, un molusco en peligro, se enfrenta a una crisis por un parásito, aunque su futuro puede estar ligado a la salinidad de ciertos áreas. En España, las estrategias de conservación están en marcha, pero la falta de voluntad política y Recursos limitados complican la gestión efectiva de estas especies.