Un estudiante ha desarrollado un proyecto que plantea la transformación de la melaza de remolacha, un subproducto agrícola poco aprovechado, en bioplásticos biodegradables. Este enfoque, además de optimizar infraestructuras existentes, busca impulsar la economía rural en Castilla y León mediante la economía circular, donde los residuos se convierten en recursos valiosos.

La propuesta incluye la instalación de biorreactores en plantas azucareras para fermentar las melazas, generando biopolímeros con alto valor económico que pueden alcanzar hasta 5 euros por kilo, frente a los 0,20 euros actuales. Además, el modelo presentado promueve la sostenibilidad al evitar residuos finales, utilizando la biomasa sobrante como fertilizante.

El impacto de esta iniciativa va más allá de lo industrial, ya que tiene el potencial de generar empleo y atraer talento joven a las zonas rurales, combatiendo la despoblación y reforzando la actividad económica local. El proyecto posiciona a Castilla y León como un hub emergente en la bioindustria, proporcionando una alternativa viable para revitalizar las comunidades que enfrentan el abandono.