Las Salinas de Cabo de Gata han vuelto a secarse por segunda vez en cuatro años, generando una grave crisis ambiental en este espacio protegido del Mediterráneo. Conocidas por ser un punto clave para la anidación de aves acuáticas como flamencos y garzas, la desecación ha conducido a la desaparición de estas especies, afectando al ecosistema en su totalidad. La situación ha suscitado críticas hacia la Junta de Andalucía, cuya gestión es acusada de negligente en la preservación del humedal.
La organización PACMA ha denunciado que la pérdida de agua en las salinas era previsible y ha reclamado la atención de las autoridades a un deterioro acumulado en la zona, donde se han urbanizado áreas sensibles y se han perdido cordones dunares. Este evento no solo tiene repercusiones locales, sino que también plantea un conflicto ambiental a nivel internacional, dado que el humedal es parte de la red Ramsar.
Las organizaciones ecologistas advierten que sin medidas urgentes para restaurar el equilibrio ecológico del área, el daño podría volverse irreversible, exacerbando la crisis de biodiversidad y afectando la imagen ambiental del país en la comunidad internacional.