Francia ha anunciado un ambicioso plan para acelerar la electrificación de su sistema energético hasta 2030, que incluye duplicar las ayudas públicas de 5.500 a 10.000 millones de euros anuales. Este enfoque no solo tiene como objetivo una transición ecológica convencional, sino que también se plantea como una cuestión de seguridad nacional en un contexto geopolítico inestable. Se prioriza la producción eléctrica nacional, basada mayormente en energía nuclear y renovables, para reducir la dependencia de combustibles fósiles, especialmente del gas.

Como parte de esta estrategia, se promoverá la instalación de un millón de bombas de calor al año para sustituir las calefacciones de gas, prohibiendo además la instalación de sistemas de gas en nuevas construcciones a partir de 2026. En el ámbito del transporte, el plan establece que al menos dos de cada tres coches nuevos deberán ser eléctricos para esa fecha, complementado con ayudas para facilitar el acceso a estos vehículos a diversos segmentos sociales. A través de estas medidas, Francia busca no solo avanzar hacia un futuro más sostenible, sino también consolidar su autonomía energética y reforzar su capacidad industrial en el sector energético.