En un contexto crítico marcado por la guerra en Oriente Medio, Simon Stiell, representante de Naciones Unidas para el cambio climático, defendió la transición hacia las energías renovables durante la Semana de la Transformación Verde en Corea del Sur. Stiell argumentó que estas fuentes de energía ofrecen a los gobiernos la posibilidad de recuperar el control de sus economías y enriquecer su seguridad nacional. Según él, la dependencia de combustibles fósiles, especialmente del carbón, representa un riesgo considerable, acentuado por acontecimientos geopolíticos como el cierre del Estrecho de Ormuz.
Simultáneamente, António Guterres, secretario general de la ONU, describió la situación actual como la "crisis energética más severa en una generación". En su intervención, subrayó que la inversión en energías renovables ha alcanzado los 2,2 billones de dólares, el doble de las inversiones en combustibles fósiles, lo que resalta la urgencia de adoptar energías limpias como una vía hacia la seguridad energética. Guterres enfatizó que es vital implementar hojas de ruta para una transición justa hacia un futuro energético seguro y sostenible, movilizando recursos financieros a gran escala, especialmente para países en desarrollo, que enfrentan mayores costos en la financiación de la energía limpia.