La actividad agrovoltaica en suelo agrario se ha vuelto un tema clave en la transición energética de Canarias. Este territorio, con recursos agrarios limitados, busca equilibrar la producción agrícola y la generación de energía renovable. La necesidad de regular esta actividad surge para asegurar que no se anteponga el uso energético al agrícola, evitando que la instalación de paneles solares desplace la función principal del terreno. El Gobierno de Canarias ha dejado claro que no se debe permitir la pérdida de suelo cultivable, priorizando la agricultura a cualquier uso alternativo.

A pesar de las ventajas potenciales de la agrovoltaica, hay preocupaciones sobre su compatibilidad con la producción agrícola. Las sombras de los paneles pueden afectar el crecimiento de ciertos cultivos, y se plantea el riesgo de que proyectos energéticos mal planteados utilicen el terreno agrícola como un mero recurso. Es esencial que el desarrollo de esta tecnología se realice con precaución y tras un adecuado marco regulatorio que defina claramente qué constituye una explotación agrícola real. La idea es que las energías renovables complementen la actividad agraria, en lugar de sustituirla, generando ingresos adicionales para los agricultores sin comprometer sus tierras productivas.